Hay una pregunta que aparece en cuanto alguien lleva un par de meses usando IA a diario: ¿por qué tengo que explicarle quién soy cada vez que abro una conversación nueva? Le has contado veinte veces a qué te dedicas, cómo escribes, qué tono usas. Y en el chat siguiente vuelve a ser un desconocido educado que no sabe nada de ti.
La solución existe, es gratis, está a la vista y casi nadie la usa. Se llaman instrucciones personalizadas, y son la diferencia entre una IA genérica y una IA que trabaja como tú necesitas.
Qué son y por qué funcionan
Las instrucciones personalizadas son un texto que le das una sola vez a la herramienta y que se inyecta al principio de cada conversación, sin que tú lo veas y sin que ocupe espacio en el chat. Es contexto permanente.
Funcionan por una razón muy concreta que conviene entender: un modelo de lenguaje solo sabe lo que tiene delante en ese momento. No te recuerda de ayer, no sabe a qué te dedicas, no tiene ni idea de si eres médico o fontanero. Cada conversación empieza desde cero. Las instrucciones personalizadas rompen ese ciclo dándole un contexto de partida que ya no tiene que adivinar.
La mejora es inmediata y bastante llamativa. Yo pasé de reescribir la mitad de lo que me devolvía a aprovechar la mayor parte tal cual, y lo único que cambié fue esto.
Dónde se configuran
En ChatGPT están en los ajustes, dentro de la sección de personalización. Encontrarás dos campos: uno para contarle quién eres y otro para decirle cómo quieres que responda.
En Claude aparecen dentro de la configuración del perfil, con la posibilidad de definir preferencias generales que se aplican a todos los chats. Además tiene los Proyectos, que permiten dar contexto específico a un trabajo concreto sin contaminar el resto de conversaciones.
En Gemini están en los ajustes de la aplicación, integradas con lo que Google sabe de ti a través de tu cuenta si le das permiso.
Qué escribir en el primer campo
Aquí va el contexto sobre ti. Y el error más común es quedarse corto por miedo a escribir demasiado.
Un ejemplo de lo que no sirve: «Soy programador». Eso apenas cambia nada, porque programador es medio mundo.
Un ejemplo de lo que sí sirve: «Soy desarrollador web con cinco años de experiencia. Trabajo sobre todo con JavaScript, React y Node. Tengo nivel avanzado en frontend y medio en backend. No necesito que me expliques conceptos básicos de programación. Trabajo en una empresa pequeña, así que valoro las soluciones simples y mantenibles por encima de las arquitecturas elegantes pero complicadas. Escribo en español pero el código y los nombres de variables van en inglés.»
La diferencia entre las dos versiones es abismal en los resultados. La segunda le está diciendo qué darte por sabido, qué nivel de detalle usar y hasta qué tipo de solución vas a considerar buena.
Qué escribir en el segundo campo
Este es el campo del cómo, y es donde más se nota el cambio en el día a día. Aquí le dices el formato, el tono y las manías que quieres que respete.
Cosas que funcionan bien: pedirle que vaya directo al grano sin introducciones de cortesía, que no repita la pregunta antes de responder, que dé la conclusión primero y el razonamiento después, que use listas solo cuando aporten claridad de verdad, o que cuando no esté seguro de algo lo diga en lugar de rellenar con vaguedades.
Una que a mí me cambió la vida: «Si te pido que escribas algo y hay una decisión importante que tomar sobre el enfoque, pregúntame antes de escribir en lugar de elegir tú y darme mil palabras que no sirven». Ahorra una cantidad ridícula de tiempo.
Los errores que arruinan las instrucciones
El primero es escribirlas en negativo. «No seas formal» funciona bastante peor que «escribe como si me lo explicaras a un compañero de trabajo tomando un café». Los modelos responden mucho mejor a instrucciones que describen lo que quieres que a las que describen lo que no quieres.
El segundo es meter demasiadas reglas. Si le pones quince instrucciones, va a cumplir unas cuantas y a ignorar el resto, casi siempre las del final. Cinco o seis bien elegidas funcionan mejor que quince mal priorizadas.
El tercero, y este lo veo constantemente, es no actualizarlas nunca. Las escribes en enero, cambias de proyecto en marzo, y sigues arrastrando un contexto que ya no tiene nada que ver con lo que haces. Revísalas cada pocos meses.
Un matiz que casi nadie menciona
Las instrucciones personalizadas no son magia, y conviene decirlo. No compensan un prompt malo, no evitan las alucinaciones y no hacen que el modelo sepa cosas que no sabe.
Lo que hacen es eliminar la fricción repetitiva. Y esa fricción, sumada a lo largo de cientos de conversaciones, es probablemente la mayor pérdida de tiempo de cualquiera que use IA a diario sin haberla configurado. Si quieres afinar todavía más lo que le pides, en la guía de prompts para ChatGPT tienes ejemplos concretos.
Diez minutos configurando esto te ahorran horas al mes. Es de las pocas cosas en tecnología donde la relación entre esfuerzo y resultado es tan descaradamente favorable.
Preguntas frecuentes
¿Están disponibles en el plan gratuito?
Sí, en las principales herramientas es una función gratuita. No necesitas pagar para usarlas.
¿Cuánto texto puedo poner?
Hay un límite de caracteres en cada herramienta, generalmente holgado. En la práctica, el límite útil llega antes que el técnico: pasadas ciertas líneas, el modelo empieza a ignorar instrucciones.
¿Puedo tener instrucciones distintas para trabajos distintos?
En Claude sí, mediante Proyectos, cada uno con su contexto propio. En ChatGPT puedes hacer algo parecido creando GPTs personalizados. Es la forma más limpia de separar contextos que no tienen nada que ver entre sí.
